sábado, 29 de noviembre de 2014

¿CÓMO CORREGIMOS?




¿Nos consideramos justos, estrictos o que corregimos con manga ancha?
   Es una pregunta difícil de contestar. Parece mas lógico, antes de contestar a esta pregunta, tener claro otra : ¿Para qué corregimos? 
   Es evidente que la base de la evaluación es supervisar el progreso educativo del alumnado pero, en este progreso intervienen muchos factores y, en consecuencia, deberíamos evaluar cada uno de estos factores. También serían distintas las comprobaciones a realizar (pruebas a aplicar) según el factor a analizar.
   Sin tratar de ser exhaustivo, pero haciendo una primera aproximación, plantearé algunas situaciones reales.

  1. Deseo comprobar el progreso del conjunto del alumnado del grupo para evaluar la idoneidad del método de enseñanza utilizado.
  2. Deseo comprobar el progreso de cada uno de los componentes del grupo para facilitarle ayudas encaminadas a que, los retrasados, se incorporen a la marcha general.
  3. Deseo establecer una sesión pública de premios y sanciones para que el alumnado reaccione positivamente al trabajo.
  4. Deseo informar a las familias del alumnado sobre la adquisición de conocimientos y habilidades de cada uno de los alumnos.
  5.  ...
    En realidad, la evaluación debería recoger o ser capaz de recoger todos y cada uno de estos aspectos y algunos más que se han dejado en el tintero pero eso necesita tiempo y formación.
    Algunas de las situaciones deberían ser evaluadas por el profesor, otras por un servicio de ¿inspección? que evaluara la metodología, por citar sólo un ejemplo y asesorara sobre ello; Otras situaciones deberían ser evaluadas por Agencias de Evaluación, etc ...
   Después de esta reflexión, la pregunta es casi irrelevante. 

¿qué procedimiento sigues para corregir por igual a todos los alumnos? (estableces criterios mínimos y máximos, comparables)

   Para terminar esta reflexión me centraré en el mas usual, el que trata de evaluar el progreso del alumno con respeto a los objetivos previstos.
   Para eso es obligatorio, al menos en la actual legislación andaluza y española, seguir unos criterios de evaluación que deben ser públicos.
   Los centros escolares, a partir de los objetivos establecidos y los criterios de evaluación publicados, deberían elaborar unas pruebas estándares aplicables año tras año, que permitiesen no sólo detallar los criterios sino comprobar la efectividad del método.
   Pero es dudoso que el profesorado de los centros escolares disponga de estas baterías de pruebas estandarizadas, que se destine suficiente tiempo a elaborarlas, o que exista conciencia de su necesidad.


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