lunes, 10 de noviembre de 2014

PONENCIAS IMPARTIDAS POR DOCENTES JUBILADOS

   
   
   Hace unos días, me encontraba asistiendo a la ponencia que presentaba un ilustre jurista ante un grupo de directores escolares cuando, al acercarme a felicitar al ponente, a un corrillo de los que suelen formarse al finalizar, oí con asombro que el organismo público organizador de las Jornadas (Centro de Profesorado) no podía pagar la ponencia porque el ponente ... estaba jubilado.
   También oí que tal situación, que no se daba antes, había comenzado motivada por la intervención de un funcionario de la Junta de Andalucía que había recomendado a los directores de los CEPs, en unas Jornadas celebradas recientemente, que actuaran de esa manera.
   El ponente, que domina perfectamente la legislación, se quejaba de que tal prohibición estaba basada en una mentira y que se había visto obligado a hacer gestiones para promover una consulta a la Consejería de Educación.
 La Asesoría Jurídica había contestado que pagar una ponencia a un jubilado es perfectamente legal, siempre que no supongan unos ingresos superiores al Salario Mínimo Interprofesional. El informe de la Asesoría Jurídica puede leerse AQUI
   Es evidente que esta entrada se produce motivada por mi condición de jubilado, que no fallecido, y por mi afición a la búsqueda de todas las acciones que se puedan aplicar al proceso educativo para mejorar su calidad, entendiendo esta mejora desde el interés del ciudadano por conseguir una sociedad mas justa, más libre y mas feliz.
   Parece más aceptable que los jubilados se dediquen a jugar al dominó, leer, viajar o trabajar como voluntarios en una ONG, pero ... poco más.
   Influye mi espíritu crítico y rebelde que, aunque va cediendo con el paso de los años, no se ha extinguido del todo y ayudan un poco los restos de espíritu sindical que todavía permanecen en mi.
   Después de meditar lo que implica esta postura, he decidido dirigir este post a las personas influyentes que he conocido a lo largo de mi vida profesional y que me honran con su amistad para que actúen, dentro de su ámbito profesional, para desactivar esta postura.
   Voy a ofrecerme también, para participar en la formación de docentes y de directores, ofreciendo mi experiencia, por si le interesa a alguien. Si no, no pasa nada. En realidad lo hago por gusto. Es mi afición y nadie me lo va a prohibir.         Mientras tanto, voy a seguir construyendo una red de sitios en los que volcaré no sólo la experiencia sino las ilusiones que me han motivado desde que decidí dedicarme a esta actividad, allá por junio de 1966.
   Por cierto, durante algún tiempo (entre 1970 y 2012) me pagaban por hacer lo que me gusta. Ahora también me pagan, sólo que es otro organismo.
   
   

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